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Portal Tarot: máscaras

Portal Tarot: máscaras

Portal Tarot os trae una leyenda para enseñaros cómo, en ocasiones, las apariencias pueden cambiar el interior. No siempre pero sí a menudo.

En esta época que vivimos todo es superficial La gente vive de las apariencias en dinero, posición social, etc… para alegrar su egoísmo y su interior. Pero… ¿qué ocurre si se actúa a la inversa, es decir, si toda la parafernalia se vuelve en contra de uno? Si desean conocer la existencia, en su entorno, de la hipocresía, la diplomacia o el cinismo, llámennos a Portal Tarot para prevenirle sobre ello. No permitan que otras personas negativas le afecten. Además influye sobre su superación personal y es posible que aún no esté preparado para que no le importe. Portal Tarot y su equipo puede orientarle en otros sentidos. Pasemos a la historia.

Portal Tarot y la máscara

Había un comerciante chino que tenía muy mal genio. Aprovechaba la circunstancia de que era el único que abastecía al pueblo donde habitaba y trataba a quienes no le complacían con muy mal talante. Con las personas más adineradas sí moderaba su carácter pero con quienes tenían menos era antipático. Nada le parecía bien, ni entre los miembros de su familia. Todo era desagradable. Trataba con gritos a los suyos y respondía mal. Aunque la tienda estaba limpia y ordenada parecía tener un hálito negativo. Así que sus clientes dejaron de ir. Los pobres, por el maltrato que recibían y, los ricos, por la mala fama que iba teniendo.

Para colmo, las señales del rostro se iban acrecentando: el ceño fruncido, las arrugas del mal carácter en las mejillas, bajo los ojos… El comerciante intentaba usar diversos métodos para suavizar las señales. Se maquillaba con polvo de arroz, se limpiaba la piel con vinagre y limón, se hidrataba con leche pero no había manera. Su mal genio era mayor que los tratamientos y la gente que acudía a su tienda no dejaba de asustarse por el aspecto que mostraba.

Pensó, entonces, qué podía hacer. Y, con la piel suave y curada que encontró, dibujó un rostro amable, servicial, auténtico. Con dicho cuero se hizo una máscara que se colocó al día siguiente, al atender la tienda. El primer cliente, un anciano pobre y temeroso, creyó que lo iba a echar con cajas destempladas. Pero no fue así. Se le atendió debidamente y salió con una sonrisa. Y así, sucesivamente. A pesar de sus sentimientos, el comerciante trataba a sus clientes con la amabilidad que se debía a su máscara.

Poco a poco se sintió más contento al ver que la gente lo trataba con cariño y atención y que se sentía bien. Le gustaba que lo quisieran. Se dio cuenta de ello. Y, cierta mañana, al levantarse, encontró que su cara había cambiado adquiriendo la sonrisa y el buen talante de la máscara. Entonces pensó que no era necesario usarla y la guardó saliendo, ante sus deudos, con su rostro limpio.  Había cambiado su corazón gracias a la máscara.

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La máscara

La máscara